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30 de septiembre de 2014

Cenar en familia ayuda a víctimas del 'ciberbullying'

(Foto por pnijhuis)
Comer en familia, además de facilitar la comunicación de padres con sus hijos, reduce los problemas emocionales y de comportamiento en los niños.

Ahora, un estudio de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), publicado en la revista Jama Pediatrics, revela que compartir la mesa al menos cuatro veces a la semana protege la salud mental de los adolescentes que han sufrido ciberbullying.

Cuando se produce este hostigamiento se ha visto que los jóvenes son más proclives a presentar ansiedad, depresión, autoagresión, consumo de alcohol y drogas, así como a involucrarse en peleas y vandalismo.
Compartir mesa unas 4 veces semanal ayuda a que hijos sufran menos de ansiedad y no consuman drogas.
Quienes comparten con sus padres y han sido victimizados con frecuencia tienen cuatro veces más problemas que quienes no han sufrido acoso alguno. Pero si además el joven no come en familia, los problemas de salud mental aumentan siete veces.

El informe consideró a más de 18.000 estudiantes de entre 12 y 18 años, y de 49 escuelas canadienses. Se estima que el 20 por ciento de los adolescentes ha sido víctima de algún tipo de matoneo en línea en los pasados 12 meses. En Colombia este tipo de acoso ya esta siendo analizado y existen algunas estadísticas.


Efecto protector

La doctora Ana María Briceño, psiquiatra infantojuvenil de Clínica Alemana, en Chile, advierte que estamos ante un estudio transversal que muestra un instante, como una foto.

En este caso, solo se puede decir que hay una asociación entre comer en familia y tener menos problemas de salud mental en caso de sufrir ciberbullying. Pero no se puede hablar de causa y efecto, ya que no hay un seguimiento de las personas.

“La cena en familia es un marcador de comunicación y de cohesión familiar”. Por esto, protege contra cualquier tipo de agresión, no solo en línea.

“Lo que recomendamos a los padres –dice la doctora Verónica Gaete, jefa del Centro de Adolescentes y Jóvenes de Clínica Las Condes, también de Chile– es que al menos exista una comida compartida al día, habitualmente la cena, ya que en el desayuno todos andan corriendo”.

Lo importante es que al compartir no se empiece a preguntar por las notas que se sacó o las tareas del colegio. “Tiene que ser un ambiente distinto, donde exista un clima tranquilizador, que favorezca la comunicación y la conexión de los padres y sus hijos”, explica la especialista.

Cuando es una ocasión relajada, los padres se pueden dar cuenta de lo que está pasando con la vida de sus hijos y, si hay problemas, pueden buscar después un espacio más íntimo para hablarlos.

La costumbre de comer en familia se debe instaurar desde niño. “Cuando es así, es más fácil hacerlo. Lo importante es que exista esta rutina”, dice la doctora Briceño.

“Sabemos que la cena familiar implica una energía extra para los papás, que llegan cansados del trabajo, pero cuando se entiende el propósito, ellos son capaces de establecer este espacio, aunque antes no lo hayan tenido”, afirma la doctora Gaete.

Su impresión es que los adolescentes aprecian esto, porque es un espacio en el que todos comparten, y no es amenazante.

Los autores del trabajo aclaran que, “basados en estos hallazgos, no podemos concluir que el ciberbullying por sí mismo es suficiente para producir problemas de salud mental, ni tampoco que las comidas familiares solas van a proteger a los jóvenes de los efectos de estas agresiones”.

'Ciberacoso’ en Colombia

En Colombia aún no existen cifras concluyentes sobre el fenómeno del ‘ciberbullying’. La línea Te Protejo de la Red Social de Padres y Madres, Red Papaz, ha recibido 621 denuncias en lo corrido de 2014. El promedio de denuncias recibidas por ese canal es de 50 por mes.

No obstante, la organización solo empezó a registrar los casos de este tipo a partir de este año. La mayoría afectan a niños y adolescentes. La Red Papaz es consciente de esta realidad y creó un portal con contenidos para hacer frente a este problema. redpapaz.org/intimidación.


Por:
Periódico El Mercurio / GDA
Santiago de ChileTexto artículo
Tomado de:
http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/salud/ciberbullying-como-evitarlo/14481275

15 de septiembre de 2014

El carro, un lugar para educar

(Imagen por ba1969 - Color por Germán Castaño)
Seguramente, todos hemos escuchado decir que la casa es la mejor escuela para los niños y que la base fundamental para una buena educación es el ejemplo y la formación que les damos a nuestros hijos en el hogar. Sin embargo, los tiempos han cambiado; en la mayoría de los hogares de hoy ambos padres son profesionales y deben dividir su tiempo entre sus obligaciones y su rol de padres. Los jóvenes, adicionalmente a la educación tradicional, tienen alguna actividad extracurricular y una vida social muy activa, por lo que cada vez es menos el tiempo que nos queda para compartir en familia, especialmente en la casa y podríamos entender por qué es tan común escuchar que se están perdiendo los valores en la sociedad. Por eso, considero que el carro se convirtió en el sitio donde gran parte del tiempo pasa reunida la familia.
Entre las ocupaciones de los padres y las actividades de los hijos, el carro se ha convertido en un lugar de reunión familiar.
Si retomamos la teoría de que el ejemplo es la mejor forma de educar a nuestros hijos, que durante sus primeros años los niños son “una esponja” que absorbe todo lo que observan y escuchan, que ven en sus padres a los héroes y referentes para su comportamiento futuro y si aceptan mi tesis de que en el carro es donde gran parte del tiempo pasamos juntos, entonces estaremos de acuerdo en que éste se convirtió en un lugar importante para educar a nuestros hijos.

Para ilustrar mi punto de vista, les pido que analicen la “clase” que, generalmente, le damos a nuestros hijos cuando vamos dentro del carro, bien sea a la salida del colegio, el fin de semana cuando salimos a visitar familiares, a pasear, a un centro comercial o a algún otro sitio; ahí suceden cosas como estas:

  • Sostenemos discusiones de pareja.
  • Criticamos o hablamos mal de nuestros jefes, compañeros, amigos o vecinos.
  • Hablamos por celular o, peor aún, chateamos o escribimos correos mientras conducimos.
  • Sintonizamos una emisora cuyo contenido o temática no es apta para menores.
  • Aceleramos cuando el semáforo está en amarillo o lo pasamos en rojo justificando nuestro actuar en que no hay flujo vehicular o que es muy inseguro quedarse ahí.
  • Agredimos con groserías o, en el mejor de los casos, con el pito, al conductor o peatón que realizó una maniobra peligrosa.
  • No priorizamos el paso de los peatones. 
Indudablemente, en este punto ya han traído a su mente otras acciones similares, lo que significa que he logrado llamar su atención y, sobre todo, que se ha dado cuenta del mal ejemplo que les estamos dando a nuestros hijos.

Teniendo en cuenta lo anterior, me permito hacerles la invitación para que, a partir de ahora, convirtamos nuestro vehículo en el aula ideal y para que cada trayecto sea una clase magistral de serenidad, respeto, civismo y solidaridad, para nuestros hijos. Estoy seguro de que así lograremos rescatar esos valores que tanto añoramos y le entregaremos a nuestra sociedad, que tanto lo necesita, ciudadanos y personas ejemplares.

Este video, en parte, refuerza mi reflexión sobre el tema:


Por:
René Alejandro Gutiérrez Bolívar
Padre de dos niñas

21 de agosto de 2014

Los Juegos del Agua

Foto por vivekchugh
Al titular este articulo con un nombre similar al de la película que acaparó las carteleras en los cines de todo el mundo, busco cautivar la atención de muchas personas, en especial, de los jóvenes.

Creo que la mayoría de los colombianos hemos visto las devastadoras imágenes resultantes de la sequía que azota por estos días diferentes regiones del país. Muchos nos escandalizamos por la muerte de miles de animales, luego, con la de los niños en la Guajira, que fue noticia de última hora y primera página en todos los noticieros y diarios; sin embargo, a las pocas horas es un tema olvidado para casi todos; quizá porque creemos que es algo que pasa en zonas lejanas, que es culpa de las petroleras o de la mala gestión administrativa de los gobernantes de estas regiones. Creemos que en nuestra ciudad eso no va a pasar nunca… nada más lejano de la realidad. Si nosotros no tomamos conciencia de lo que está pasando con nuestro planeta y del uso irresponsable que venimos haciendo de los recursos naturales, más temprano que tarde comenzaremos a padecer estos problemas.

Jóvenes y niños no pueden seguir creyendo ese cuento de que son el futuro de la humanidad, pues ¡la tierra nos necesita ya! 
Los invito a que sean parte del presente y ayudemos a que nuestros hijos se conviertan en los abanderados del cuidado del medio ambiente para que puedan asegurarse un futuro. Son los jóvenes y niños, los que pueden cambiar el futuro, sin pasar por alto la responsabilidad que tenemos los adultos. No podemos seguir abusando de las “riquezas” de nuestro Departamento. En el pasado Foro Urbano realizado en Medellín, llamó la atención el hecho de que en el Área Metropolitana el consumo de agua por habitante es el doble del consumo promedio en el mundo y en muchos sectores las ciudades se evidencian las consecuencias de la falta de cultura ambiental y ciudadana, incluso ya se habla de crisis en la manejo de las basuras.

Por favor hagámonos responsables del manejo de los recursos naturales, usemos racionalmente el agua, la energía, destinemos adecuadamente las basuras, reciclemos, eduquemos a nuestros familiares, amigos , vecinos y, en especial, a los niños y jóvenes, para que sean responsables con el medio ambiente. No olvidemos que este planeta es nuestro hogar, que debemos cuidarlo y protegerlo para poder garantizar un futuro.

Los niños y jóvenes son la mayor fuerza de una sociedad y, como padres, debemos buscar que ellos asuman ese liderazgo y les demuestren a los mayores que no están dispuestos a cometer nuestros mismos errores.


Por:
René Alejandro Gutiérrez Bolívar
Padre de dos niñas


23 de julio de 2014

¿Son los límites los culpables de “apagar el espíritu" de nuestros hijos?

(Foto por DAVIDKNOX)
Esta era la creencia de un par de padres citados en el libro llamado “Límites”, de autoría de los Doctores Henry Cloud y John Townsend quienes, a través de este texto, nos ayudan a comprender la importancia y necesidad de poner límites con amor a nuestros hijos, y que ahora quiero compartirles desde mi experiencia personal.
La disciplina es un límite externo, concebido para perfeccionar límites internos en nuestros hijos. H. Cloud y J. Townsend
En gran medida entendía a estos padres porque, aunque tenía claro, tal como lo sostienen estos psicólogos, que la familia es el lugar donde Dios planta a los niños para que sean educados hasta estar preparados para el momento de dejar el hogar y enfrentarse a la vida como adultos, cada vez que le ponía un límite o le decía que NO a alguna de mis hijas de 3 y 5 años, emergía en mí un fuerte sentimiento de culpabilidad y me preguntaba si estaba haciendo bien las cosas o si, tal vez, estaba “apagando su espíritu”; pero me di cuenta de que no era así cuando aprendí a encontrar la medida y la forma correcta de poner estos límites.

"Disciplínalo ahora y solo así podrás sobrevivir la adolescencia", es el consejo de una madre prudente, a su amiga más jóven.
Lo primero, fue comprender que la disciplina tiene dos lados: uno preventivo, que incluye la instrucción y la proactividad y otro correctivo, que abarca el castigo y las consecuencias -estos dos últimos conceptos son sustancialmente distintos, ya que el castigo es definido como la sanción que se impone a quien ha cometido una falta, mientras que las consecuencias son la respuesta natural a nuestras acciones-. Para comprenderlo mejor, veamos este ejemplo: Mi hija de 5 años debe recoger sus juguetes al terminar de jugar, le diré que esto es necesario para mantener el orden y la limpieza en su habitación; esta es la forma preventiva. Si la niña no cumple con la instrucción, entonces le diré que como no recogió sus juguetes, no podrá utilizarlos por un tiempo determinado; esta será la manera correctiva.
Ahora bien, teniendo esto claro, debo decir que este libro me ayudó a entender porqué son necesarios los límites en los niños, la forma correcta de ponerlos y sus beneficios, los cuales describo a continuación:

1. Desarrollan Autoprotección: 

La familia debe conservar una estructura que le ayude al niño a aprender a decir que no, a decir la verdad y a mantener la distancia física, de tal manera que pueda aprender a protegerse por sí solo. Para esto, es importante escuchar las opiniones del niño (aunque en algunos casos sepamos de antemano que no las vamos a aceptar), sin que éstas, al ser contrarias a las nuestras, generen retraimiento o castigo de nuestra parte. Incluso, podemos escuchar sus argumentos y decidir sin son razonables, a tal punto que podamos cambiar de opinión o, de lo contrario, mantener firmes los límites. De esta manera, el niño entenderá que podrá estar en desacuerdo con las personas que ama sin perder su amor.

2. Ayudan a asumir la responsabilidad de las necesidades propias: 

Los límites crean individualidad y permiten estar en contacto con nuestras propias necesidades. Para lograr esto, el niño debe sentirse en libertad de expresar verbalmente sus necesidades, pedir algo que no nos agrada (aunque no se lo vayamos a dar) o, incluso, hablar de su ira cuando se sientan enojados. Otro aspecto a tener en cuenta es que el niño debe entender que es responsable de sí mismo y permitirle que, de acuerdo a su edad, asuma las consecuencias de su irresponsabilidad, como cuando olvida hacer su tarea y el día anterior, antes de irse a dormir, nos pide ayuda. El impulso como padres es el de ayudarlo; sin embargo, debemos permitir que experimente las consecuencias inherentes a su falta.

3. Ayudan a adquirir un sentido de control y decisión: 

Este punto lo describen claramente este par de sicólogos con el ejemplo de una joven que no quería ir al odontólogo, su padre simplemente no la obligó, por el contrario le permitió escoger entre obedecerle o tomar la opción que ella deseaba asumiendo la consecuencia de perderse una fiesta con sus amigas, de esta manera su hija pudo sentirse dueña de su vida y de sus decisiones.

4. Permiten aprender a diferir la gratificación de las metas: 

Esta habilidad permite que los niños aprendan a ponerse metas, a ahorrar para las cosas que quieren y a valorar lo que han decidido comprar o ganar con trabajo.

5. Enseñan a respetar los límites de los demás: 

Los niños necesitan aprender que el mundo no gira en torno a ellos y que las demás personas tienen gustos y necesidades diferentes a las suyas, esto les proporciona un sentido de responsabilidad propia.

A través de las sugerencias descritas por estos profesionales, se me ha hecho posible ir encontrando un equilibrio en la puesta en práctica de los límites en mi hogar, teniendo siempre en cuenta lo importante que es no retirarles a mis hijas mi afecto, mientras me mantengo firme en las consecuencias de su decisión de desobedecer. Como mamá de dos niñas en edad preescolar es mucho el camino que tengo por recorrer, pero desde la aplicación de estos consejos, he observado claramente el cambio que ha tenido la relación entre mis hijas y yo. Ahora tengo la tranquilidad de decidir que NO les permito hacer ciertas cosas sin pensar que con esto inhibo la expresión de sus deseos y necesidades. Es importante ser conscientes de que esto no nos sucede solo a nosotros y que contamos con recursos suficientes para acompañar a nuestros hijos en su crecimiento y desarrollo como seres humanos y en el nuestro, como padres. Por eso, si la aplicación de límites representa una dificultad en tu papel de padre o individuo, te invito a leer este o muchos otros libros que, al respecto, hay en el mercado.


Educadlos en la disciplina y en la corrección, como quiere el señor. Efesios 6,4

Por:
Adelina Escalante
Madre de 2 niñas
Miembro del consejo de padres del Colegio Teresiano de Envigado 

18 de julio de 2014

Hay “Déficit de atención” en la familia

(Foto por bvvwiel)
No me explico cómo pudimos estar durante años sin todos esos aparatos que nos han facilitado mucho la vida: el celular, el iPhone, el BB, el iPad… Me maravilla la tecnología y la forma como nos ayuda a rendir el tiempo y a acortar distancias. Pero me aterra la dependencia tan grande que hemos desarrollado con las comunicaciones virtuales porque nos absorbe tanto que nos aísla de los demás!

Me pregunto, ¿por qué tenemos que vivir a todas horas con estos aparatos prendidos? ¿Es que acaso el mundo virtual es más importante que nuestro mundo afectivo? ¿Qué les estamos diciendo a los hijos cuando respondemos el teléfono, revisamos los mensajes o leemos los correos mientras estamos con ellos? ¿O cuando atendemos llamadas o nos conectemos a las redes sociales mientras estamos reunidos conversando o comiendo? Sin duda les hacemos saber que todos son más importantes que ellos, porque si nuestra prioridad es atenderlos a los demás es porque los valoramos más.

Estamos sufriendo de “déficit de atención familiar” debido a que estamos desatendiendo el hogar, los hijos, los afectos… todo eso que decimos que es primordial en nuestra vida, por atender a otros que muchas veces ni conocemos. Esa adicción a los celulares y demás está fraccionando nuestra atención e impidiéndonos estar a dónde está nuestro corazón. Se nos está olvidando que si no atendemos todas las llamadas no se nos va a arruinar la vida… pero si no atendemos a quienes más amamos si se arruinarán nuestras relaciones con ellos!

Vivir conectados a las redes virtuales quizás nos hace pensar que estamos actualizados y nos proporciona un sentido ficticio de pertenencia. Pero con tantos frentes que tenemos hoy tenemos que establecer prioridades. La oportunidad de conversar y gozar a diario la compañía de nuestra familia es un privilegio que no tendremos para siempre. Esa cercanía que nos ofrece la convivencia cotidiana se acaba… y más pronto de lo que pensamos. No la desperdiciemos porque si no estamos ahí para ellos hoy es muy posible que ellos tampoco estén ahí para nosotros el día de mañana.

Por:
Ángela Marulanda 
Blogs LaFamilia.info 12.07.2013
Artículo tomado de la página web www.lafamilia.info Los conceptos emitidos comprometen únicamente al autor

17 de julio de 2014

Los valores, claves en la buena convivencia

(Foto por hoefi)
El respeto, el diálogo y la responsabilidad son solo algunos de los valores que los expertos recomiendan a los padres y educadores fomentar en los más pequeños. Estos son parte fundamental en la formación y representan las referencias vitales que conviene inculcar para que las personas crezcan de forma integral, convivan armónicamente con los demás y tengan una vida más feliz.

Igualmente, estos elementos significan los soportes que sostienen a la cultura e impulsan el desarrollo de los potenciales humanos, por lo que, si bien los colegios y universidades tienen parte de la responsabilidad, los padres y las familias también están en la obligación de compartir el compromiso de su enseñanza.

Tener una buena formación en valores nos ayuda a desarrollar todas nuestras habilidades intelectuales y talentos, pero no se puede esperar que sean las instituciones las encargadas de que los estudiantes se desarrollen en esta materia, que debe ser una preocupación de toda la familia”, asegura Henry Condía, profesor de Ética de la Universidad del Rosario.

La enseñanza de valores es fundamental para que las personas encuentren el sentido de su vida y, en el caso de los jóvenes, estos cumplen la misma función que una brújula, pues les muestran la ruta que deben tomar en su vida, ruta cuyo último objetivo es alcanzar la felicidad”, agrega Condía.

Por su parte, Francesc Torralba, director de la cátedra Ethos de Ética aplicada de la Universidad Ramón Llull de Barcelona (España), agrega: “El mejor legado que podemos dejar en herencia a nuestros hijos no son los bienes materiales, sino los intangibles, los cuales les trasmitimos informalmente a través de la vida cotidiana, del contacto diario con ellos, del ejemplo, y del testimonio que les comunicamos. Aquí se incluyen todos los valores y principios”.

Para el académico, “los padres y educadores tienen que implicarse activamente en la apasionante y compleja tarea de ayudar a crecer a sus hijos y alumnos, y en la ardua y extraordinaria aventura de educarlos”.

Jesús Blanquet, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona y autor del libro Avanzar en valores, asegura que “la familia debe ser la primera escuela de valores, pues esta sigue siendo el espacio idóneo para que los hijos reciban los consejos y las orientaciones más importantes para la vida”.

En ese sentido, Condía recalca que los valores y principios son una fórmula efectiva para eliminar formas de violencia como el bullying o acoso escolar, que ponen en peligro la convivencia en los colegios y otros espacios vitales.

“La igualdad, la solidaridad, la libertad y el respeto son las mejores armas para que los niños entiendan que es posible compartir con los otros por más versátiles que sean nuestras posturas y opiniones”, finaliza el experto.

Cinco valores fundamentales y consejos para fomentarlos

Respeto

Respetar es manifestar consideración, atención, afecto y valoración hacia las personas con las que nos relacionamos. Esta acción tiene que ser compartida: todos debemos respetar y esperar lo mismo hacia nosotros. No importa quién dé el primer paso.
La clave: siempre demostrar respeto en las relaciones con las otras personas. Así, se logrará el aprecio de los demás y se evitarán posibles conflictos con los semejantes, lo cual facilita la convivencia.

Diálogo

 Es la clave de la convivencia, que aunque es una necesidad humana, nunca es sencilla y debe construirse y reconstruirse cada día. Una buena capacidad de diálogo debe suponer saber escuchar más que saber hablar. La clave: cuando hable con un amigo, hay que escucharlo atentamente y no interrumpirlo. De esta manera, se conseguirá entenderlo mejor y ponerse en su lugar, manteniendo un verdadero diálogo. La otra persona sabrá apreciarlo.

Responsabilidad

Es la capacidad que cada persona tiene para conocer y aceptar las consecuencias de sus palabras y actos; implica la capacidad de sentirse urgido a dar respuesta o a cumplir un deber sin recibir ninguna presión externa. La clave: si hay un compromiso de ayudar a alguien y en el momento de hacerlo se duda entre cumplir la promesa o hacer otra cosa, dejando plantado al otro, se demostrará inmadurez; en cambio, si se cumple, seremos dignos de confianza.

Austeridad

La sociedad consumista no debe hacernos olvidar que cada persona debe adaptarse a sus posibilidades económicas. Tenemos que ser consumidores críticos, conscientes de la necesidad de inculcar el ahorro en nuestros hijos. La clave: si ve algo en una tienda que quiere, pero no lo necesita y es un capricho pasajero, no se debe caer en la tentación de la compra compulsiva. Así se puede vencer el consumismo que agobia a la sociedad.

Actitud crítica

Adoptar una actitud crítica ante un hecho es analizar y valorar sus características y consecuencias en función de las circunstancias y del contexto en que este se ha producido, y de los propios valores. La clave: si se oye, ve o lee una noticia u opinión, y no se asume su contenido porque entra en conflicto con la manera propia de ver las cosas, hay que aplicar el sentido crítico para no dejarnos manipular.


Artículo elaborado por Reportajes EFE. Tomado de la página http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13432342.html. Los conceptos emitidos comprometen únicamente al autor.

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